Creo, de manera firme, que la solución real del conflicto cubano no depende de la espera de un salvador extranjero, sino de la acción organizada de una parte minoritaria, pero decidida, del propio pueblo. Los hechos no mienten: la historia, la sociología y la ciencia política ofrecen suficientes elementos para sostener la validez de esta afirmación.
En primer lugar, la doctora Erica Chenoweth, la doctora Maria J. Stephan y su equipo de investigación concluyeron, a partir del estudio de múltiples campañas del siglo XX, que las luchas no violentas con una participación activa de al menos el 3.5% de la población tuvieron mayores probabilidades de provocar la caída de un gobierno y abrir paso a desenlaces democráticos. [wikiversity] [wikipedia]
Esa conclusión de la investigación de Chenoweth y Stephan sigue siendo desconocida en algunos casos, y en otros, deliberadamente soslayada por motivos que pueden resultar profundamente contraproducentes para el interés nacional, por buena parte de los grupos opositores y otros actores de la sociedad cubana comprometidos con la promoción de los derechos humanos y la democracia. De otro modo, no sería tan frecuente que privilegien la mediación del gobierno estadounidense, su eventual intervención militar o la presión económica de la Unión Europea como vías principales de cambio. [martinoticias] [diariodecuba] [france24]
Sobre esta falla conceptual, el Dr. Gene Sharp reveló:
“Muchas personas que actualmente están padeciendo bajo una dictadura, o que han tenido que exiliarse para escapar de sus garras, no creen que los oprimidos puedan liberarse por sí mismos. Ellos no esperan que su pueblo pueda ser liberado sino por la acción de otros. Ponen su confianza en las fuerzas extranjeras. Creen que sólo una ayuda internacional puede ser lo bastante fuerte como para derribar a los dictadores”. [genesharp]
El desafortunado mensaje de unos inexpertos bien conectados
Resulta llamativo que ese mensaje equívoco sobre la supuesta incapacidad de los cubanos para liberarse por sí mismos sea difundido con frecuencia por sectores del exilio que no tienen experiencia directa en la lucha noviolenta, aunque mantienen vínculos con políticos locales, en su mayoría radicados en Florida, y con estructuras financiadas con fondos públicos destinados a promover la democracia. Desde esas redes, se exportan a la Isla ideas y propuestas a través de interacciones virtuales con actores internos que las respaldan, no necesariamente por su viabilidad política o estratégica, sino porque en muchos casos se ven favorecidos por esa élite con recursos en dólares y con alta exposición en medios como Martí Noticias y otros financiados por agencias federales estadounidenses. [directorio] [cubaencuentro]
Proponer la intervención estadounidense como solución al conflicto cubano debilita la lucha interna
Así, mediante la invisibilización de propuestas efectivas y el control de la narrativa a través de la censura del disenso, la agenda setting y el framing, esa élite del exilio ha difundido en redes sociales la idea de que el presidente Donald Trump, bajo la influencia de su secretario de Estado Marco Rubio, recurrirá al poderío militar de Estados Unidos para liberar a los cubanos, erradicar el comunismo y transformar la Isla, casi por milagro, en un escenario de reconstrucción inmediata, con derechos humanos y prosperidad económica incluidos. [cnnespanol] [diariodecuba]
Sin embargo, la historia no respalda esa hipótesis.
A continuación se resume en una tabla las principales intervenciones militares de EE.UU. (de corta duración) en las Américas desde 1899 a la fecha.
Luego de analizar estos casos, con base en las fuentes académicas y no oficialistas que encontramos, el resultado más sólido es este: Estados Unidos logró a veces restaurar orden o producir cambios de régimen, pero casi nunca consiguió que esos cambios se tradujeran en libertades políticas plenas, soberanía efectiva y democracia durable para los pueblos intervenidos. En la mayoría de estos casos, lo que apareció fue una combinación de tutela externa, instituciones dependientes, fragmentación política y legitimidad erosionada, más que una democratización consolidada. [dw]
Si se comparan solo los casos de la tabla compacta —Cuba 1899–1902 y 1906–1909, Panamá 1989–1990, Haití 1994–1997, Granada 1983, Haití 1915–1934, Nicaragua 1912–1933, República Dominicana 1916–1924 y Honduras en el siglo XX— el patrón predominante no es la ampliación estable de libertades, sino la creación de órdenes políticos administrados desde afuera o condicionados por Washington. La evidencia comparada publicada en la Revista Internacional de Pensamiento Político concluye que la intervención militar extranjera fue más eficaz para producir estabilidad política en ciertos contextos que para construir democracias sólidas; en particular, funcionó mejor donde ya existían precondiciones estatales y sociales favorables. Eso significa que el éxito, cuando existió, fue limitado y dependiente del contexto, no una consecuencia automática de la presencia militar. [upo]
Panamá 1989–1990 suele presentarse como el caso más exitoso del período tardío, pero aun allí el éxito fue sobre todo operativo: se removió a Noriega y se restauró un gobierno civil. Sin embargo, eso no equivale a demostrar que la intervención “garantizó” libertad democrática en sentido pleno; el propio análisis citado señala que parte del éxito consistió en restablecer una democracia previamente interrumpida, no en crear una desde cero. Haití 1994–1997 mostró algo similar: hubo retorno del gobierno electo, pero la fragilidad institucional persistió, lo que limita seriamente cualquier afirmación de éxito democrático duradero. [brookings]
En Cuba, tanto la ocupación de 1899–1902 como la intervención de 1906–1909 dejaron una república formal con fuerte tutela externa, no soberanía democrática plena. En la literatura independiente consultada, la primera ocupación quedó amarrada por la Enmienda Platt, y la segunda reforzó la dependencia y la capacidad de condicionamiento de EE. UU. sobre la república cubana. Nicaragua, Haití 1915–1934, República Dominicana 1916–1924 y las intervenciones hondureñas del siglo XX repiten el patrón: control político, reordenamiento institucional parcial, pero sin una democratización autónoma y robusta. Incluso cuando había elecciones o fórmulas constitucionales, la tutela externa, la fragmentación interna y la dependencia estructural limitaron el alcance real de las libertades prometidas. [portalacademico.cch.unam]
La pregunta central no es solo si “hubo elecciones”, sino si los pueblos obtuvieron libertades efectivas: pluralismo, soberanía, control civil del poder, competencia limpia y posibilidad real de decidir su destino. A la luz de las fuentes consultadas, la respuesta general es no de forma consistente. De hecho, DW resume el balance como “ni más democracia ni más estabilidad”, y añade que estas intervenciones tendieron a fortalecer sectores afines a Estados Unidos, además de aumentar la polarización política y violencia inmediata. En República Dominicana, Brookings subraya que los costos intangibles incluyeron mayor fragmentación política y dependencia de EE. UU., lo que dificultó el desarrollo de instituciones efectivas. [dw]
Si se agrupan los casos por resultado, puede afirmarse lo siguiente:
Éxito parcial o táctico: Panamá 1989–1990, Haití 1994–1997, Granada 1983. [upo]
Fracaso estructural o democracia tutelada: Cuba 1899–1902, Cuba 1906–1909, Haití 1915–1934, Nicaragua 1912–1933, República Dominicana 1916–1924, Honduras en sus intervenciones breves repetidas. [institutofranklin]
Por tanto, la conclusión más defendible es que las intervenciones estadounidenses rara vez cumplieron la promesa de libertad y democracia que decían justificar; cuando tuvieron éxito, fue más bien para estabilizar un orden político compatible con los intereses de Washington que para emancipar plenamente a los pueblos intervenidos. En términos comparativos, la historia muestra una brecha persistente entre el discurso democratizador y el resultado real. [brookings]
La libertad no se regala desde afuera, sino que se conquista y sostiene desde adentro
La historia de las intervenciones estadounidenses en Cuba, Panamá, Haití, República Dominicana, Nicaragua y otros países del hemisferio deja una lección bastante clara: cuando un pueblo deposita su esperanza en un “salvador” externo, casi siempre termina con una libertad incompleta, condicionada o directamente frustrada. Las tropas extranjeras pueden sacar a un dictador, imponer un orden temporal o abrir una transición, pero eso no equivale a construir una democracia real y duradera. La experiencia histórica muestra que la libertad no se regala desde afuera: se conquista y se sostiene desde adentro, con organización, disciplina y participación popular. [dw]
La importante y reveladora conexión Sharp-Chenoweth-Stephan
Gene Sharp explicó algo fundamental: los regímenes opresivos no sobreviven solo por la fuerza de sus armas, sino porque mucha gente sigue obedeciendo, colaborando o esperando pasivamente un cambio milagroso. Cuando la ciudadanía retira de manera organizada esa obediencia, el poder autoritario se debilita. Esa idea se conecta con la investigación de Erica Chenoweth y Maria Stephan, que encontró que la resistencia civil no violenta ha tenido, en promedio, más probabilidades de éxito que la lucha armada, sobre todo cuando participa una base social amplia y no solo un grupo reducido. En otras palabras: no hace falta esperar a que llegue una potencia extranjera para resolver el problema; hace falta que el propio pueblo se convierta en el sujeto de su liberación. [upo]
La espera por un salvador extranjero posterga el despliegue de la lucha noviolenta
La conclusión es incómoda pero poderosa: la dependencia del “salvador extranjero” suele alimentar el pesimismo y retrasar la acción propia. En cambio, la lucha noviolenta organizada puede abrir caminos reales hacia la emancipación, porque construye legitimidad, suma mayorías y hace posible un cambio político, social y económico más profundo. No se trata de resignación ni de milagros externos, sino de estrategia, perseverancia y poder ciudadano. El mensaje final es simple: la libertad se defiende mejor cuando la gente decide dejar de esperar y comienza a actuar. [brookings]
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Referencias:
Chenoweth, E., & Stephan, M. J. (2011). Why civil resistance works. Columbia University Press.
Sharp, G. (1973). The politics of nonviolent action.
Sharp, G. (2005). Waging nonviolent struggle.
Lowenthal, A. F. (2016). Intervención estadounidense en República Dominicana: 50 años. [brookings]
DW (2020). Las intervenciones “no llevaron democracia” a Latinoamérica. [dw]
Revista Internacional de Pensamiento Político (2025). Intervención militar de los Estados Unidos en Centroamérica y el Caribe. [upo]